Una bióloga evolucionista tras los pasos de Darwin

A principios de octubre la bióloga evolucionista Tine Huyse se embarcó en Brasil a bordo de un magnífico velero de tres mástiles que, en el marco de un ambicioso programa de televisión, pretende recrear el viaje de Charles Darwin. Huyse ilustraba en el programa el modo en que un parásito de origen africano se aprovechó del tráfico de esclavos para colonizar Sudamérica.

El programa titulado Beagle, tras los pasos de Darwin, una coproducción de la cadena de televisión belga Canvas y la holandesa VPRO, reconstruye en 35 episodios el legendario viaje de investigación que sentó las bases de la teoría de la evolución. A lo largo del viaje subieron a bordo numerosos científicos, artistas y filósofos, entre los que se encontraban la bióloga Sarah Darwin, tataranieta de Charles, y también Tine Huyse. Esta última lleva a cabo trabajos de investigación en el Laboratorio para la Diversidad y Sistemática de los Animales, de la Universidad Católica de Lovaina. Además trabaja a tiempo parcial en el Instituto de Medicina Tropical. La científica colaboró con Bruno Gryseels, director del instituto, en un proyecto que les hizo valedores de una codiciada plaza en el velero.

Huyse está estudiando el gusano Schistosoma, un parásito que, al entrar en contacto con una babosa como hospedador intermediario, puede llegar al organismo humano y puede producir daños en el hígado, los intestinos, la vejiga y los riñones. Se calcula que en todo el mundo hay unos 200 millones de personas infectadas con este parásito. El inicio del tráfico de esclavos entre África y el continente Sudamérica en el siglo XVI fue un paso crucial en la expansión colonizadora del gusano.

Huyse: “Los esclavos llevaron parásitos, como el Schistosoma mansoni, que es una de las dos especies más importantes de África con incidencia sobre los humanos. El gusano supo adaptarse a una babosa local como nuevo hospedador intermediario, y al muy poco tiempo se desató una nueva epidemia. Al igual que en África, las extensas plantaciones de caña de azúcar en Sudamérica se encargaron de una mayor extensión de la enfermedad; los canales de riego constituyen el hábitat ideal para las babosas.”

Esclavitud

Huyse, que ya había realizado trabajos de campo en África, gracias al proyecto Darwin tuvo la oportunidad única de investigar más a fondo la variedad sudafricana: “Junto con el equipo de filmación hemos ido a un jardín urbano de la ciudad brasileña de Salvador de Bahía, donde encontramos grandes cantidades de babosas. Todo el alcantarillado de las viviendas colindantes desemboca en ese jardín, donde se cierra el ciclo del parásito y pueden así producirse infecciones. También hemos ido a filmar en las favelas, donde los niños locales nos ayudaron a cazar babosas. Por cierto, en los barrios de chabolas, el grado de contagio de los niños puede llegar al sesenta o setenta por ciento.”

“Instalamos un laboratorio rudimentario en el mostrador de recepción del velero. Con un pequeño microscopio de campo me puse a estudiar las babosas que habíamos cogido, y desde la primera dimos en el blanco: vi cientos de larvas de gusano Schistosoma nadando, según el movimiento del mar.”

“En el laboratorio vamos a seguir desvelando el parentesco entre el parásito africano y su variante sudamericana, con ayuda de los marcadores genéticos más avanzados. Lo que ya podemos decir es que la teoría de bottleneck queda confirmada: durante la travesía de África a Brasil el tamaño de la población del parásito parece haber descendido enormemente, por lo que actualmente Brasil cuenta con una diversidad genética mucho más baja. En una sola aldea de Senegal se pueden encontrar más cepas genéticas que en todo el territorio de Brasil. Esta información puede resultarnos muy útil a la hora de optimizar los programas de lucha antiparasitaria.”

El lugar donde Huyse capturó las babosas tiene un valor simbólico, ya que es el sitio donde Darwin entró en contacto por primera vez con la esclavitud. Huyse: “En su diario de viaje describe cómo se le encogía el corazón cada vez que escuchaba los gemidos de los esclavos. Su abuelo, Josiah Wedgwood, propietario de una fábrica de cerámica, fue un conocido abolicionista. Diseñó un medallón con la imagen de un esclavo encadenado, con la inscripción ‘Am I not a man and a brother?’ (¿Acaso no soy hombre y hermano?). Como homenaje a Wedgwood hemos utilizado su vajilla en nuestro pequeño laboratorio de a bordo y llevamos también un colgante con una réplica del medallón.”

Al vaivén de las olas

Huyse habla con entusiasmo de su participación en el proyecto: “Es una forma de salir de tu torre de marfil y de entrar en contacto con otros científicos, pero también con artistas y filósofos. Resulta de lo más inspirador. El barco también era magnífico; tan sólo los mástiles ya son sobremanera imponentes.”

“He sufrido bastantes mareos, puede que porque mi órgano del equilibrio funciona demasiado bien. Y honestamente hablando también porque dejé de tomar las pastillas contra el mareo demasiado pronto (se ríe). Para colmo, mi camarote se encontraba en la proa del barco, que es donde más se padece el fuerte movimiento del mar. El barco no sólo subía y bajaba, sino que se agitaba en todas las direcciones, como una interminable atracción de feria. Esto hizo que mi admiración por Darwin aumentara aún más, ya que, según sus relatos, sufría mareos continuamente y naturalmente no disponía de los medicamentos que actualmente tenemos.”

“Sólo cuando nos acercábamos a Río de Janeiro – el destino final de mi viaje – ya me había acostumbrado al vaivén de las olas. Por cierto, la llegada al puerto de Río fue algo realmente impresionante: vimos la imagen del Cristo de Corcovado y el Pan de Azúcar surgiendo en el horizonte, con una nube de rabihorcados sobrevolando el barco …”